miércoles 31 de octubre de 2007

Los que no habíamos nacido

Los que todavía no habíamos nacido, es decir, los que somos hijos de la democracia, vimos el martes como una infinidad de personas condenaba a un viejo canoso, de rasgos duros, que casi sin chistar y sólo apelando a una supuesta redención de su Dios, bajo la cabeza ante el fallo.

Los que todavía no habíamos nacido, o bien aquellos que en los años oscuros eran apenas unos niños, fuimos testigo –como lo fuimos en el juicio contra Etchcolatz – de un ritual extraño para nosotros. Los que por nuestra corta edad no fuimos los testigos de una época, hace unos días fuimos espectadores extraordinarios, distintos y únicos de ese juicio.

El martes llovió en La Plata, como en tantos otros puntos del país. Pero acá, en la capital de la provincia de Buenos Aires, hubo centenares de personas que lloraron al mismo tiempo. Y eso no pasó en ninguna otra ciudad.

El Palacio de Justicia está ubicado en el centro de la ciudad. Hace meses, cuando empezó el juicio, la policía montó un cercado para nada discreto alrededor del edificio. Por aquellos días, las rejas se tapizaban con algunas banderas rojas con detalles amarillos y algunas personas montaban guardia en la puerta a fuerza de abrigo y pan. Pero con el correr del tiempo aparecieron cada vez más caras, más personas, más dolor.

Acercarse el martes pasado a la interjección de las calles 8 y 50 no era una tarea sencilla. Una muchedumbre se estacionó frente al edificio que alguna vez supo ser el coqueto Hotel Provincial. Flameaban banderas, sonaban redoblantes y se oían distintas canciones. En las calles aledañas habían camiones con antenas en el techo, periodistas, fotógrafos y cables por todo el piso. Y en la puerta lateral, junto al policía, un televisor de 14 pulgadas que transmitía lo que pasaba puertas adentro.

En la esquina de en frente hay un Mc Donalds, en cuya vereda suelen reunirse algunos de los que aún no habían nacido. Pero con toda esa gente no pudieron encontrarse y entonces se fueron a sus casas. Y encontraron que sus padres miraban la televisión con una atención a la que no estaban acostumbrados.

Casi en cadena nacional -y con un rating capaz de provocar la envidia del gurú de la TV basura- se transmitió el juicio contra ese señor canoso y aparentemente frágil. Extraño panorama para un adolescente encontrar a sus padres callados frente a la pantalla mirando a un tipo que viste al mismo tiempo sotana y chaleco antibalas.

El hombre que hablaba no expuso los fundamentos, dijo que eso lo haría en noviembre. En cambio, durante diez minutos leyó un papel en el que se encontraba al acusado culpable de participe necesario y coautor de una larga listas de crímenes.

Finalmente el pronunciamiento de una palabra poco usual pero alguna vez escuchada por los que aún no habían nacido provocó la alegría y el llanto de los presentes en la sala: genocidio. Probablemente la palabra haya rebotado por la cabeza de los jóvenes sin fortuna, con la certeza de haberla oído en cierta oportunidad, de saber que es algo importante, delicado y ligado al pasado, pero sin saber su significado concreto.

En las afueras del suntuoso Palacio la multitud festejó con pasión. Emocionadas, unas señoras con ridículo pañuelo blanco en la cabeza se abrazaron en un sollozo interminable. Un grupo de jóvenes con barba quemaron un muñeco. Y la incertidumbre de los que todavía no habían nacido se profundizó.

Alguno de los que no habían nacido habrá pensado: ¿por qué lloran? ¿quién era ese cura? ¿y las abuelas del pañuelo? ¿quiénes son los buenos y quiénes los malos? Y ¿qué era el genocidio?... otro habrá observado estupefacto a sus progenitores: ¡hace cuánto que papá y mamá no se abrazan!

Un reportero de aspecto pulcro y barba prolija se acercó a una abuela y le hizo una pregunta poco afortunada: ¿está contenta? La señora se secó las lágrimas y no sin congoja le respondió que la palabra no era correcta y que hubiera preferido no tener que alegrarse por eso. “Pero, dentro de todo el dolor, esto se puede contar como una victoria”.

En alguna casa de clase media de la ciudad un chico de 16 años con celular y peinado extraño, cansado de no entender lo que pasa, distrajo la atención de su padre:

- Pá. ¿Quién es ese Bonuernich?

- Un cura, un sacerdote que antes trabajaba para la Policía.- El hombre no quitó la vista del televisor y apretó la cintura de su mujer que no podía ocultar su llanto.

- ¿Y qué era el genocidio?- retrucó el muchacho, que no se animó a preguntar algo más básico por el temor de parecer un ignorante.

-Después te explico, dejame escuchar.

En la tele la multitud saltaba, lloraba, gritaba, cantaba. Ahora / ahora/ resulta indispensable/ aparición con vida y castigo a los culpables. El chico no aguantó más que unos pocos minutos sin interrumpir.

-Pá ¿Quién ganó?-

- ¿A vos qué te enseñan en la escuela?

Resulta bastante asombroso que a los que aún no habíamos nacido- pero leemos los diarios y un par de libros- se nos haya puesto la piel de gallina. Que un escalofrío eléctrico nos haya recorrido el cuerpo. Que la pronunciación final de genocidio funcione como una cachetada, como un balde de agua helada.

Y también entendamos que a los que todavía no habían nacido se les puede criticar muchas cosas, pero no se los puede tildar de ignorantes sin ser autocríticos. Porque los padres son los que repiten en la mesa que los políticos son unos sinvergüenzas, que la justicia en este país no existe, que en la escuela no te enseñan nada, y rara vez se detienen a explicar lo que los hijos necesitan o quieren saber.

sábado 22 de septiembre de 2007

Dios: al confesionario

-¿Cómo se declara, señor Dios?

-Inocente, digo omnisciente.

Una escena similar puede darse los próximos días en el estado de Nebraska y más de una persona se relame los labios por sacar algún rédito económico cuando este juicio se transforme en jurisprudencia legítima. Porque resulta que un hombre demandó, aparentemente haciendo uso total de sus derechos y garantías, nada menos que a Dios.

¡Y ya era hora!

Woody Allen –me contron- ya estaba trabajando sobre el guión, y aseguran ya se había reservado el papel de esta deidad. Para variar, iba a representar a un Dios con tendencia judía, verborrágico y nervioso, víctima de un negro sarcástico cuya verdadera personalidad no era otra que el mismísimo diablo. Brillante.

Pero, malas noticias, Woody. La idea de una demanda contra Dios ya está filmada y presentada en algunas salas del mundo. La hizo un Australiano, y Billy Conelly ya hizo del barba.

Ahora bien, lejos de la ficción, en el centro del imperio, un negro irreverente está en estos días elevando una demanda contra Dios, inspirado en el mencionado film. Se llama Ernie Chambers y es el senador más antiguo de Nebraska.

Parece que el tipo es un personaje extravagante y provocador –quizás porque sea el único senador negro del lugar-, y para no perder el hilo tuvo esta idea formidable. Además, conduce un auto de 400.000 kilómetros y recibe una paga anual de 12.000 dólares, lo cual lo ubica en el abismo de la línea de pobreza. Un fenómeno, a fin de cuentas, y la espina en los zapatos de los políticos que respetan tradiciones y cánones. Un verdadero pain in the ass.

Entonces, Ernie, indignado por la cantidad de juicios estúpidos y banales que colman las agendas de la justicia americana y truncan los procesos que tienen real importancia, le inició una demanda al todopoderoso en la corte del condado de Douglas, en carácter de promotor –o al menos frente a su negligencia- de “espantosas inundaciones, egregios terremotos, horrendos huracanes, aterradores tornados, plagas pestilentes, feroces hambrunas, devastadoras sequías, guerras genocidas, defectos físicos y otras calamidades", ante todo lo cual, afirma, "el demandado no ha mostrado ni compasión ni remordimiento".

Ni compasivo ni arrepentido, en realidad el demandado no se dio por enterado, cuestión entendible si se tiene en cuenta que en estos años el cielo está plagado de problemas. Por eso, Ernie tuvo que cambiar el destino de su demanda, para lo cual eligió a quienes dicen ser los representantes de Dios en la tierra, y esto involucra a las cúpulas máximas del catolicismo, el judaísmo y el Islam.

Y respecto a la sorpresa de los poderosos entes, nuestro negrito no piensa que las partes vayan a tener inconvenientes en llegar a un acuerdo ya que “siendo Dios omnisciente, seguramente estará al tanto de la demanda” y tomará las medidas pertinentes.

Por supuesto que una demanda de esta calaña sería un ejemplo fantástico para la justicia argentina, empeñada en resolver problemas de lo más tribales. Mientras causas como la AMIA, López y los numerosos casos de corrupción tardan años en resolverse, en cambio los juicios por calumnias e injurias, divorcios millonarios y demás fatalidades de la farándula de medio pelo son atendidas con la más responsable de las pertinencias.

Acaso ¿no sería más correcto demandar a Dios por todas las barbaridades que él, a través de la naturaleza, propicia a la humanidad por su conducta irrespetuosa que atender las quejas de Alfano contra Alé o las plumosas luchas de las vedettes? ¿No es Dios el creador y por tanto dueño de todo? ¿No debería entonces hacerse responsable por sus fechorías?

Esto lo sabremos al cabo de unos meses, cuando el curioso y grandilocuente Ernie haya salido victorioso del juicio y reciba el dinero suficiente como para cambiar su vehículo. Sólo allí estaremos en condiciones de acusar a Dios. Hasta entonces, la paciencia y la expectativa son nuestros aliados.

Luego: ¡la guerra! Y cuidado JEFE, ahí vamos.

lunes 9 de julio de 2007

Cosas que pasan (no muy a menudo)

Hoy es día patrio. 9 de Julio, para ser precisos, día en que se conmemora la independencia argentina. ¿NO? Sí. Y como buen patriota que soy, y como muchos de los argentinos patriotas que tenemos algunos pesos en el cajón, pensé (la semana pasada): feriado.

Feriado.

No día de la independencia…primero porque me suena yanquee y me atormenta la cara de Will Smith en un mig 27; segundo, porque antes que patrio, es un feriado.

Entonces, mi novia, en un arranque de total filantropía me invitó dos días a la costa. ¿Qué si sabía que se venía una ola polar descomunal, que se iba a congelar el país, que –según el siempre prudente canal 13 (gracias Conffesore)- podía llegar a nevar o incluso a congelarse el atlántico? Bueni, sí…lo sabía.

Pero soy del sur (esa linda manera que tienen en la provincia de Buenos Aires de llamar a lo que está por debajo de Bahía Blanca), y el frío no me asusta.

Cuestión es que estaba en San Bernardo, en un fin de semana muy ameno, aunque algo frío, descansando un poco. Nada más. Nada anormal.

Nada nuevo….

Federer gana Wimbeldon, el mundo se agazapa al pie de algún escenario para escuchar una banda en el nombre del planeta, nieva en Bariloche, George juega al ajedrez en medio oriente. Más de lo mismo.

Y cómo acá, en este rincón del globo no hay ni recitales, ni guerras, ni partidos de tenis –sólo en Venezuela, una demostración de fútbol bastante simpática que hizo un pibe no se qué Riquelme- me puse a leer el diario.

Desde la tele del monoambiente que habíamos alquilado, el Bebe Contempomi y de a ratos alguno del Pauls Brothers hablaban del Live Earth. El diario decía que el mencionado mega show, cito en todos lados menos acá, cuyo fin era comprometer al mundo con la reducción de la emisión de gases contaminantes, habría generado unas 31.500 toneladas de carbono, entre el transporte de los músicos y espectadores, sumado a la energía que consumió.

¡Qué ironía!

Pero yo a las tres de la tarde de hoy, lunes patrio, salí rumbo a mi casa, en La Plata. Y la ironía mayor no había llegado.

En la ruta, sobre un colectivo con una calefacción infernal, recibí el llamado de mi familia. Están en Bariloche, y dicen, sufren de un problema: 22 grados bajo cero de sensación térmica. A joderse…(pensé, algo envidioso de sus vacaciones)

Además, yo esta mañana tuve que abandonar el dpto a las 10 de la mañana, con 6 bajo cero para refugiarme en el tímido sol de la playa durante varias horas, hasta que llegue el flamante Plaza que me lleve a destino.

Y justamente en el flamante Plaza (en todo sentido….rojo como la sangre y caliente como la recurrente definición que Rial hace de Gran Hermano) sucedió algo de lo más extraño. Llegaban algunos mensajes de que en Buenos Aires nieva, que en La Plata se congelaron las tuberías, que en Neuquén está muriendo gente de frío.

Incrédulo, pensé que esa gente que me hablaba no tenía idea de lo que era el frío, que yo soy del sur y sé de esas cosas, que conozco la nieve, que seguro que es aguanieve o escarcha.

Y seguí con mi lectura…aparentemente hubo shows muy buenos, sobretodo en Londres.

Pero de pronto los mensajes y llamados se multiplicaron en todo el colectivo. Todos repetían sorprendidos que no, cómo va a ser, no te creo, bueno, sacá fotos, espero llegar a verlo.

Y se estaba poniendo jodido. Porque tanta gente no se equivoca…pero viste cómo son los porteños de exagerados.

Sigo leyendo, ella duerme al lado mío. La calefacción al mango, todos en remera y a las puteadas hasta que….

-Mirá má, nieva!

Nahhh

Y sí, todos mirando por la ventana, algunos casi lagrimeando. Campos cubiertos de una tela inmaculada, un película generosa de nieve bastante compacta.

Llegue a La Plata a las 9 PM, con una multitud de chacales que se querían bajar del Plaza para tocar algo que suele ser impalpable. O al menos en estos casos, donde los copos son frágiles y no llegan a acumularse para terminar en el suelo como charco, como la más tribal de las lluvias platenses.

Me bajé, la saludé luego de dejarla con mi helado suegro y comencé la caminata. Unos copos suaves me acompañaron y algunas ráfagas de viento me pegaron el jean a la piel, para recordarme que no tengo que ser tan prejuicioso. El camino que se perdía en un horizonte blanco, y mi ropa anatomizada al cuerpo, como si fuera en caída libre.

Pero si yo pensaba que el frío se me estaba por ir, cuando a llegué a mi departamento fue peor. Había apagado la estufa y ahora casi no puedo escribir. Tirito al ritmo de una armónica que me llegó más rápido a mí que a las disquerías, gracias al emule.

Y el diario dice, entre otras cosas, que el megaconcierto fue por el recalentamiento global…ja, jodeme!

¡Qué ironía la del argento! Siempre a contramano del mundo.

martes 3 de julio de 2007

Neverending story

Hace algún tiempo, un par de años, en una suerte de fiesta diurna en la que se celebraba el 25 cumpleaños de cierta persona, me invitaron a participar de un juego que probablemente sea bastante conocido, pero que para mí fue y es ignorado.

Las circunstancias en las que se jugó no tienen ninguna importancia; no obstante, quiero aclarar que fue –como todo lo que me sucedió y aún me ocurre con esa persona –un momento extraño, incómodo y sumamente divertido. Consecuencia, quizás, del entorno, de la media docena de personajes eléctricamente azarosos que acompañaban, entre los cuales yo era un perfecto extranjero, un desconocido invitado. Y consecuencia, obviamente, de otras sustancias que están ligadas con ese tipo de sucesos y celebraciones.

En dicho atardecer uno de los comensales invitó –mientras la agasajada estaba en el baño- a practicar este juego. Un juego algo absurdo, de lo más trivial, insignificante, sino naif.

Consistía, en resumen y si la memoria no me traiciona, en escribir en un papel una oración, cuya palabra final (sin su correspondiente signo de puntuación) quedara en el comienzo del renglón inmediato. A continuación, se doblaba delicadamente la oración escrita y la persona que seguía se encontraba, de esa manera, con una línea para escribir su frase, pero con la condición de utilizar la palabra/ancla que precedía. Y luego volver a doblar, para que otro complete de igual modo, hasta que termine la ronda.

No recuerdo si el papel daba una vuelta o más, o si en esta explicación me he salteado algún paso, pero no me preocupa. Tampoco recuerdo cuál era el tema central, aunque intuyo que, con la falta de seriedad que abundaba en la sala y por la heterogeneidad de los reunidos, debía tratarse de una felicitación ordinaria y estúpida por haber llegado al cuarto de siglo. Sin embargo, en aquel momento me pareció de lo más entretenido.

Aclarada esta cuestión, quiero decir que esto nada influyó en el comportamiento de mi persona en los meses que siguieron. Sin embargo, a principios de este año, en acontecimientos muy distintos a aquella seudo fiesta, volvió a emerger este juego.

Estaba en una clase repleta de gente, con un profesor de voz monótona, casi somnífera. Era un hombre mayor, de fuerte presencia y cierta sabiduría cuidadosamente ocultada. Tenía un pañuelo en el cuello y un saco enorme, más grande que su enorme espalada. Y hablaba. No paraba, hablaba de todo, de Hitchcock, de Bourdié, de Favio. No hacía otra cosa más que alabar a Leonardo Favio y relacionarlo con todo tipo de filósofos. Y todo eso con una soberbia sólo comparable con la de un abogado porteño.

¡Atrapante!

¡Insoportable!

Quiero creer que no escuchaba nadie. Hasta sus ayudantes bostezaban a dúo; se escuchaban resoplidos y cada uno miraba su reloj.

-¿Alguna pregunta, señores?

Y entonces…

No sé bien qué pasó. Me paré y frente a un público atónito le propuse al tipo que en lugar de escuchar tanta pavada jugáramos a un juego que conocía, que se basaba en continuar frases hechas, pero desconocidas. Hablé sin parar, al punto de cambiar de opinión. Le pregunté que pensaría si a alguien se lo ocurriese escribir –o empezar a escribir- una historia que nunca acabe, que esté continuada por la eternidad. Que, por ejemplo, un escritor inicie una novela, pero que anticipe con anterioridad una serie de posibles personas que la prolonguen, y así sucesivamente. ¡Sería fantástico!

Observé que la hora de la clase había terminado y que en lugar de huir, mis compañeros me escuchaban estupefactos. También noté en el profesor una mueca de asco y violencia. Entonces esbocé algunos argumentos para nada despreciables, acerca de las ventajas en cuanto a estilos y géneros que quedarían perpetuados, que sería una especie de mini enciclopedia longeva e inmortal y que no requería de mayor esfuerzo, que se podía dividir en capítulos para marcar los horizontes de cada era, que no sé cuántas cosas, que me quedé sin palabras.

Y no me pareció que le gustara mucho la idea.

Levantó las cejas sin mucho ánimo, tomó sus pertenencias y caminó hacia la puerta. Antes de salir, volvió hasta mi banco y me dijo que no tenía sentido, que lo mejor que tiene una historia es el final, que un remate es fundamental, que había muchos vacíos en mi propuesta, que mejor viera las películas de Favio que entraban en el final. Después me escupió la cara y se fue caminando sin prisa; su cuerpo moviéndose como si fuera un saché de leche, en el horizonte corto que proporcionaba la contraluz de la ventana.

Agustín, un compañero con el que casi no cruzo palabra, se me acercó –mientras yo intentaba de deshacerme de la saliva en mi rostro- y sin discreción me dijo:

-Keiko Kai: fumar muppets te vuela el marulo. Yo te banco.- Y nos fuimos.

sábado 30 de junio de 2007

El escritor analfabeto

Rodrigo Fresán está en la biblioteca de su departamento, en Barcelona. Sobre el escritorio descansan un montón de hojas apiladas, la futura versión en inglés de su novela, “Jardines de Kesington”. Termina de corregir los últimos detalles del manuscrito y toma un cuaderno entre sus manos; son canciones de Bob Dylan, y se le ha encomendado que las traduzca.

Pero sucede que él es analfabeto.

Con sólo12 años y promediando el cuarto mes de séptimo grado sus padres se ven obligados a abandonar su país natal, Argentina, para trasladarse a Venezuela. Allí, el pequeño Rodrigo pasa directamente al primer año del colegio secundario. No es su inteligencia superior; tampoco un error en las fechas de inscripción. La razón es simple e inevitable: en Venezuela no existe séptimo grado.

Ahora Fresán se pasea por la sala. Un cuarto oscuro, repleto de libros y discos, un lugar de trabajo. Una biblioteca majestuosa con títulos en varios idiomas, con ediciones originales, y con una fuerte impronta brit-pop. La habitación de un escritor, de un periodista, de un traductor... La habitación del analfabeto.

Ese pequeño Rodrigo termina cuarto año de la secundaria en Venezuela y vuelve a Argentina. Allí no le permiten finalizar sus estudios. Aparentemente su expediente se ha extraviado y las autoridades pertinentes le comunican que de ningún modo puede graduarse en el nivel secundario, ya que jamás ha terminado la educación básica.

Fresán se acaricia la barba mientras pasea por la habitación al ritmo de Dylan. Una grabación de los setenta, una guitarra melancólica, una voz algo chillona, y el acento sureño. Limpia sus anteojos, sigue la canción con los labios, pronuncia cada sílaba con pasión.

Enterado de su semi-analfabetismo el joven comienza a trabajar como periodista. Sabe con certeza que su oficio es el de escritor, pero no es fácil iniciar, y el periodismo es, a su juicio, lo más cercano a ello. El titulo secundario no le preocupa, quiere ser escritor y no contempla la posibilidad de seguir alguna carrera universitaria.

Fresán tiene muchas manías: la cultura británica, el apego a los clásicos y al mismo tiempo a la vanguardia, y un cierto fetichismo ególatra por su obra. Cada tanto toma alguna de sus novelas y la revisa, la relee, la completa para siguientes ediciones. Las novelas del analfabeto.

Rodrigo ya es casi un hombre, ejerce el periodismo y comienza a escribir literatura. Pasa horas leyendo libros, asiste al cine cada vez que tiene oportunidad y luego redacta las críticas para algunos diarios.

Como sucedió con Roberto Arlt, Fresán es un analfabeto que vive de las letras. No abandonó el colegio en tercer grado, pero sus estudios quedaron suspendidos en un limbo burocrático. “Lo único que te complica es el tema de las becas y de cosas por el estilo que no puedes optar casi a nada. Por más que tengas un currículo ya profesional, si llegas compitiendo con alguien a la recta final van a decir «éste tiene colegio primario y éste no»”, reflexiona el analfabeto.

· Fresán Básico

· La obra literaria

· El periodista

· Fresán y Dylan

· La anécdota

miércoles 23 de mayo de 2007

V de Vergüenza

"V de Vergüenza"....sí, es verdad, el Milan se tomó revancha; venganza vamos a decirle, pues sería más correcto.

-Amor!! Por qué estás tan enojado?-pregunta ella, impávida frente a la caminata histérica de su compañero, yo en este caso (y espero que en todos los casos porque si no portaría una cornamenta como la de nuestro ex presidente).


-No jodas!

-No te podés poner así…es un partido de fútbol…y ni siquiera es Boca!

Silencio rotundo. La tele en “mute” y, de fondo, un montón de camisetas blancas que se avalanchan sobre el héroe de la tarde (la mentira más grande del partido), Fillipo.

-Bueno, hacé lo que quieras. Te querés enojar, enojate! Ahora si me querés explicar, por ahí lo entiendo.

(Ay, qué pelotuda….qué pelotuda. No la matés, no tiene la culpa)

-Me explicás? …Dale.

Me desparramo en el sillón, ella se sienta también con el mate en la mano.

-Es así: hace unos años, dos para ser preciso, estos dos equipos jugaron esta misma final. El Milan, que es mucho más poderoso y tiene mejores jugadores, pero que a la vez, por su condición de italiano tiene una heladera en el pecho en lugar de un escudo, empezó ganando. Primer tiempo: los tanos chochos, 3 a 0, dos goles de Crespo y uno del ídolo del equipo.

Pero, como te decía, tienen este gran electrodoméstico, cuyas dimensiones remiten más que nada a un mueble. La heladera, o nevera, que dicen en el norte.

Segundo tiempo: en algo menos de 10 minutos el Liverpool empata…coraje y garra inglesa.

Ahh, me olvidaba de decirte eso: por un lado, pechos helados, pero por el otro tampoco es que había fútbol. Un partido de mierda, en realidad.

-y por qué lo mi….?

-No me interrumpas. Lo miro porque es lo que nos venden, porque es una fiesta más del deporte, porque juegan (supuestamente) los mejores jugadores del mundo. Y porque me gusta el fútbol. Y la canción de la Champions, que es el nombre de esta copa, me pone los pelitos del brazo de punta.

Entonces.

-Entonces van a suplementario, no pasa nada y llegan los penales. Y los tanos lo pierden, como era de esperarse.

-Ganaron los ingleses?

-Se podría decir que sí…pero vos quedate con que lo perdieron los italianos. No importa que no entidendas.

-Ahora bien. Lo que acabo de ver es el mismo partido, dos años después. ¿Qué se suponía que iba a pasar? Al Milan, un club muy grande –como Boca, imaginate-, a principio de temporada le sacaron un montón de puntos, por corruptos.

-Ah, sí, me acuerdo…y a la señora vieja también. Puede ser?

-Sí, linda, exacto. La vieja, como vos decís, es la Juventud; y además la mandaron a la B. Pero el Milan, que tiene más guita y no se había gastado todo en comprar árbitros, puso plata y quedó en primera.

A todo esto, el Inter –que vendría a ser una especie de River pero que a veces juega bien- es el clásico del Milan; y resulta que, con la quita de puntos, se quedó con el campeonato…la ligó de arriba, digamos.

-Creo que entiendo.

-Bien, sigamos entonces. El Milan, como te decía, se suponía que, después de tremendo papelón, tenía que ganar algo…los hinchas son exigentes. Estaban en la final, con los mismo tipos que le habían dado vuelta el partido, se suponía que iban a salir con todo.

¿Qué pasó? La heladera, de nuevo…el cagazo. El Milan salió a defenderse, y el Liverpool no hizo mucho más, pero atacó.

Al final del primer tiempo, el Milan tiene un tiro libre peligroso…la única llegada en 45 minutos. Patea Pirlo, un tipo que tiene una pegada privilegiada, y….y….(ya me calenté de nuevo).

La cosa es que pegó, involuntariamente, en la cabeza de Inzaghi…ese que te parecía lindo. Gol.

Descanso, 1 a o.

El árbitro, como pasa en la Libertadores, parecía ser ciego. Pero después, cuando llegó el segundo tiempo te das cuenta que no. Que ni ciego ni tonto, el tipo estaba comprado, cobrando todo a favor del Milan, de una manera alevosa, obvia…grosera. Las puteadas no le importaban, Gattuso jugaba gratis, a Kaka lo soplaban y era falta, Kuit pestañaba y se caía un tano…y así.

Los hinchas italianos, igual que en el mundial, estaban contentos. Sus jugadores, que salen millones y millones de dólares, jugaban como el culo; pero ganaban.

Metidos en su arco, aunque sin sufrir sobresaltos, esperaban que se terminara el partido…con la generosa ayuda del árbitro, claro.

Ahh, eso!!!! A los hinchas, que tuvieron que sufrir la quita de puntos de su equipo por culpa de unos dirigentes corruptos, ahora no les importaba nada, si el árbitro era un delincuente, si estaba comprado…nada, nada. Forza Milan, que somos campeones a cualquier precio…el fin justifica los medios, decía un compatriota suyo.

Al final, este culón, Fillipo…un carroñero que aprovecha el pase magistral de Kaka…

_¿Kaka es ese puber con cara de Menudo, tipo Ricky Martin a los 18?

-Ese mismo. Gol. Cuestión es: 2 a 0 el Milan…Faltan pocos minutos y la cancha explota de alegría azzurra. El árbitro paraliza cada jugada que intenta el equipo inglés; no tiene pudor, el tipo: se saca todos los problemas, faltas que no existen, Fillipo que hace tiempo, no importa.

Al final, cuando faltan 2 minutos el Liverpool mete un gol. Y se van todos a buscar el empate pero es muy difícil. El referí adiciona 3 minutos… pasan dos, y cuando agarra la pelota un jugador inglés y va a tirar el centro, se escucha un silbato.

Lo termino a los 2… y ganó el fútbol avaro, rústico y falto de ideas. Otra vez, como en el mundial.

-Ah, ¿y por qué estás enojado?

-Andate a la puta que te parió.

viernes 4 de mayo de 2007

El que vino a poner orden donde no lo había

A ver, a ver, a ver!!!! Hoy recibí un correo de una amiga. La chica en cuestión, enterada de que Keiko-Kai tenía un blog, me manda una suerte de manifiesto que encontró publicado en Perdiodismo.com. Y reza lo siguiente:

Blogma, el Dogma de los blogs

(A la manera de Dogma 95, el manifiesto de los directores daneses Lars von Trier, Thomas Vinterberg, Kristian Levring y Soren Kragh-Jacobsen, una declaración de principios para autores de blogs)

Porque hay demasiados blogs y muy poco tiempo para leerlos. Porque toda regla limita, pero estimula. Porque estamos cansados de leer los mismos posts en uno y otro blog. Porque los blogs deben ser medios de autor. Porque los blogs deben ser puntos de partida de contenido y no acopio de información de los medios tradicionales. Juro que me someteré a las reglas siguientes:

1. Todo blog de Blogma se autoimpondrá objetivos, límites y principios a los que aferrarse
2. Todo bloguer de Blogma tiene un editor: él mismo.
3. Uno es la mejor fuente de su propio blog.
4. Si un post ya salió igual en otro blog, ¿para qué publicarlo de nuevo en el nuestro?
5. Si hacer un post no dio trabajo, hay que borrarlo.
6. Entre publicar un post malo y no publicar nada, elegirás esta última opción.
7. De diez ideas para un post, descartarás nueve.
8. Un post no es un texto, sino la sabia combinación de palabras, sonidos e imágenes.
9. No podrás ser endogámico (hablar sobre blogs o la blogosfera) en más de un 15% de tus posts. 10. Donde termina el post de un blog tradicional, empieza un post de Blogma.
11. NIngún blog de Blogma es eterno: nace para decir algo y muere cuando no le queda nada por decir ....Diego Rottman

Veamos, Diego, qué es lo que tenemos: un verdadero dogma (que dicho sea de paso, nada tiene que ver con lo que hicieron en un momento estos cineastas nórdicos-y que además terminaron abandonando su propio dogma).
Un dogma consiste en una doctrina que no puede ser replicada. Y para ser más gráficos, el concepto suele atribuirse, más que a un grupo de directores (estuvo buena Dogville), a la religión. En lo personal no creo mucho en eso de las religiones, pero hagamos un intento.
Usted, Diego, debería ser el jefe máximo de esta religión, constituída por fieles del Blog como medio de opinión. Seguramente tendrá más adeptos que cualiquiera de las religiones actuales. El pontífice, el Papa, el Cardenal que orienta al rebaño descarriado.
O bien, podría ser el Dios!!! "Diego: dios del blog", queda bien. Yo, Keiko-Kai, en algún momento de angustia puedo perder la fé, como cualquiera de sus feligreses, y osadamente desacreditarlo: "¿Y usted quién es para proponer un Dogma? ¿Por qué he de cumplirlo?"

Lo que usted presenta como dogma es sólo lo que desea leer en un blog. En realidad veta lo que no quiere encontrar en uno. Debo pensar que es usted el dueño de Google, que está usted a cargo de editar todos aquellos blogs que existen.

Ah, no?

Y entonces cómo se atreve a decir qué es lo que se debe hacer y lo que no. Quién lo autoriza, eh ¡Por favor! si pasa su día explorando los blogs, tarea poco saludable –intuyo- no se queje si lo que encuentra no es de su agrado. En todo caso, hágaselo saber al dueño de dicho espacio, para algo están los comentarios.

Y una cosa más: señala, acertadamente, que la infinidad de blogs que existen hacen inconmensurable su conocimiento. Es verdad, como también es imposible leer los que están escritos, por ejemplo en árabe. (Puede que esto no le ocurra, ya que como buen Papa debe ser un políglota muy sólido). Pero imagine, si yo llego a Papa, previo a convertirme en un todo-parlante, voy a incluir en tan refinado dogma el punto 12: escribirás en el idioma que a mí se me antoje, para que yo entienda.

Un saludo, Diego.

Keiko-Kai, su más devoto seguidor.

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